¿Qué nos hace convertirnos en unos apestosos?

En este post voy hablar de un tema un tanto sensible y trivial a la vez, algo por lo que seguramente muchos hemos pasado, pero de lo que seguramente no se habla tan directo y claridoso. El olor ajeno ¡muahahaha!

Y los malos olores – de otros -, los he padecido en todo mi viaje.

A ver, yo no estoy en contra de la gente que no se baña todos los días; tampoco de aquella que se baña todos los días pero no lava su cabello; como tampoco de aquellos que están en contra de usar productos de higiene personal por aquello de los quimicos que contienen o porque fueron probados en animales, o cosas parecidas. En lo que si estoy totalmente en contra es en llegar a tal grado de descuido, que te vuelves insensible de tu mal olor y otros, como yo, tengamos que soportarlo.

Asumo que tolerar uno mismo su mal olor, hasta dejar de notarlo, es como cuando usas perfume – el mismo perfume por mucho tiempo, por ejemplo – que dejas de olerlo en ti mismo, pero ¿a caso no sabemos que el órgano más grande que tenemos es la piel? ¿y tiene muchas hormonas, y que parte de sus funciones es la de expedir olor, incluídas las famosisimas feromonas? ¡he!

Les he de contar que en los 9 meses viajando, toparme con este tipo de situaciones hamalorolores sido muy frecuente; y no me lo van a creer, la mayoría de ellas ha sido con hombres, o sea, ¡hombres que huelen realmente mal!. No se si será complejo de viajero mochilero sin apegos y muchos descuidos o qué, pero quienes en este momento se me vienen a la mente son los 2 compañeros de voluntariado y roommates que me han tocado. El primero no usaba desodorante además de consumir mucho ajo y jengibre ¡especias bastante fuertes! con un baño cada tercer día; porque hasta lo que comemos y bebemos altera nuestro olor corporal ¡qué caray!. El segundo no usa desodorante, pero se baña todos los días, a lo que me pregunto ¿de donde proviene el olor? el clima está bastante frío como para sudar y realmente oler mal, pues ¡oh sorpresa! no lava su ropa con regularidad.

No me atrevería a decir que es un tema de nacionalidad o de cultura, porque no me ha tocado con todas las personas que he convivido, así sean “europeos” – famosos por no bañarse con regularidad -, pero sí me ha tocado con viajeros y locales de ciertos lugares. Y no estoy tampoco juzgando a nadie, más bien estoy exponiendo la duda con su respectiva pregunta “¿Qué nos hace convertirnos en unos apestosos?”.

Yo no me pedorreo flores, tampoco es que amanezca con aliento mentolado, o que no despida algún olor – he de confesar que a veces me huelen las patitas ¡haha! -; soy un humano con todas su alteraciones hormonales, pero también muy atenta de mi aseo personal, me gusta oler bien, y me gusta que me huelan bien.

 

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