Cada día recuerdo menos tu rostro

¿Será olvido, egoísmo, resentimiento o simplemente aceptación cuando empezamos a dejar de tener tan presente el rostro de alguien? Esto desde un escenario en el que se ha tenido un momento en la vida totalmente especial y lleno de sentimientos y emociones; y de pronto se rompe todo y se dejan de ver por tiempo indefinido. Pero no solo eso, dejan de estar en comunicación, de compartir, de estar presentes en la vida  el uno del otro.

Resulta ser que H y yo – el chico de Él me escribe… ¡y yo amanezco sin bragas! – ya no estamos comunicados por ningún motivo, razón o gusto alguno. Él me bloqueo y yo no tengo ni las más mínimas ganas de buscarle. No solo es la acción de escribirnos para saber de nosotros, es la falta de interés en todo lo que envuelve hacerlo.

Creo firmemente que amor o amistad que no se alimente – de cuál sea la manera que lo hagan los involucrados -, se marchita.

Y en casos como el de H y yo, que fue corto pero muy intenso, la recuperación y aceptación también se vuelve intensa. Incluso, por todo lo que está pasando y dejando de pasar, el rostro de la persona deja de estar tan nítido en tus recuerdos o memorias. El momento, el sentimiento, el escenario, entre otros, ahí queda; pero el motivante de todo eso cada vez es más ausente, se vuelve borroso – eso parece estarme ocurriendo a mi -. Y como bien dicen, el que tanto se ausenta deja de hacer falta.

Por mi parte, yo no puedo amar y/o esperar a una persona que no está mínimamente presente en mi vida – y no estoy hablando para nada de los amigos de toda la vida, que puedes dejar de ver por mucho tiempo y es como si el tiempo no pasará -, y no está haciendo absolutamente nada por perpetuar o salvar de alguna manera la relación. Quién espere que se le esté siguiendo o adorando sin más ni más, no solo tiene serios problemas de autoestima y reconocimiento propio, sino además su egolatría parece salirse de la realidad. Y el amor, ilusión o lo que sea que exista o haya existido entre dos, para nada es agradable cuando es unilateral.

Después de todo, tal vez me sucedió que:

Nuestra necesidad de creer nos hace crear. Y hay relaciones que nunca fueron, que las creamos por nuestra necesidad de creernos que somos amados.

By Silvia Olmedo.

 

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