Vivir con una piedra

¿Han escuchado alguna vez qué “vivir con alguien que te haga sentir solo, es lo mismo que estar siempre solo?  pues yo lo he escuchado y vivido; ¡así es!¡qué experiencia, caray!

Después de varios detalles corroborados con anticipación, acepté vivir con alguien completamente recién conocido ¡qué escandalo!; para tener un completo “¡idilio!”, ¡hahaha!, así es. Bueno, esa era la idea. Pero… ¡oh sorpresa! – ya verán lo que les digo -.

Conocí a alguien en el hostal en el que estaba haciendo mi voluntariado; al principio todo fue completamente excitante. Hablábamos mucho de nosotros; siendo él muy amable conmigo al inicio – me preparaba el té, o me compartía su comida -, procuraba que no me faltará nada, se interesaba en cada detalle de mi vida en el hostal, así como de saber mis motivos de viaje, entre otros detalles. Hasta ahí, todo bien.

Bien dicen, el hombre acaricia al caballo solo para poder montarlo.

A mi realmente no me llamó la atención ni fue gusto a primera vista cuando recién lo vi, pero sus atenciones e intenciones me pusieron receptiva. Y después de dos meses o tres, sin ningún tipo de interacción en términos diferentes que el laboral con el sexo opuesto, pues me dije a mi misma “¿Por qué no?”; primero una salida al café, luego una plática candente, una invitación a pasar mi día libre juntos, una salida a comer, y una noche en un hotel. Días seguidos, escoger y comprar las cosas para el departamento en el que viviríamos, comer juntos, descansar juntos; y un fin de semana completamente sexual.

Aparentemente la idea iba de maravilla; vivir juntos, pasarla bien; desde mi punto de vista, se trataba de pasar la aventura y el momento idílico dándole gusto al cuerpo y a la mente. Hasta pocos días antes de que yo ya me fuera a vivir con él, ¡boom! todo cambio. Ya no más pasarla juntos cada espacio de tiempo libre que teníamos, ya no erotizar el ambiente con ideas y fantasías, ya no estar en contacto.

Llegué al departamento que él rento, y que ya habíamos decorado y arreglado entre los dos, con la misma actitud e idea con la que había empezado todo. Como los Amigos con beneficios que pintábamos; porque él iba a la ciudad a trabajar, y yo solo de paso por estar viajando. Pero ya estando ahí me salió con que “dijo mi mamá que siempre no” – vivir juntos sí, seguir con lo que ya había pasado entre nosotros no -, que por promesas que cumplir, estrés y preocupación de su parte. ¡Y yo! What that fuck! – imagínense mi cara -. Total, con la hueva tremenda que me empezaba a dar el tipo por su humor tan negativo y pesimista, decidí seguir, pero teniendo mi propio espacio – y vaya que a la vez también era para “respetar” su nueva postura -; pero todo desencadeno un resultado diferente.  ¡VIVIR CON UNA PIEDRA!

Dejó de hablarme, dejó de salir a pasear conmigo, dejó de convivir por completo conmigo; de hecho, aún y que mi cumpleaños cayó en esta temporada de mi vida, ni siquiera tuvo la cordialidad de felicitarme. Y yo, hasta el último día que estuve viviendo con él, le preparé el desayuno por atención y gratitud.

Ciertamente cada cabeza es un mundo, pero por qué andar moviendo los mundos de otros para simplemente ponerlos en un ambiente hostil.

Estoy segura de que podrán decir ¡qué miedo! ¿cómo aceptaste a vivir con alguien que apenas conocías? ! te pudo haber pasado algo peor! ¿y cómo duraste ahí? – solo estuve 16 días -. Y lo que les puedo decir a cualesquiera que sean sus opiniones, expresiones o cuestiones, es que cuando decidí tomar la propuesta, fue con total conciencia e intuición – el peligro se puede sentir y ver -.

 

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