El matrimonio y yo ¡que susto!

Que escalofríos me da tener que hablar de esto ¡haha! – y qué exagerada también -; pero como es un tema que he tenido que tocar con gente nueva, es decir, aquella que recién estoy conociendo y que, al saber mi edad, en lo inmediato sale con la pregunta: “y, ¿por qué no te has casado?”, le estoy dando su espacio de una vez por todas.

Y antes de explicar y dar respuesta a mi punto de vista en lo referente, dejaré esto a lo general:

  • ¿Es obligatorio el matrimonio en nuestras vidas?
  • ¿El matrimonio tiene una edad para realizarse?
  • ¿El matrimonio es solamente para formar familias?
  • ¿El matrimonio es sinónimo de felicidad y éxito?
  • ¿El matrimonio es para todos?

Porque el matrimonio es una institución, un orden, un control o hasta un negocio que ha ido evolucionando con el tiempo. Y qué ha tenido una definición social y moral según quienes lo practiquen – grupo social o étnico -, además de una función social o política según se maneje; es decir, sí es patriarcal, matriarcal o igualitario.

Pues bien, ¿por qué no me he casado? la respuesta sencilla es: porque no me ha tocado; la respuesta reflexiva: porque no ha llegado el momento de estar en una sincronía intelectual y emocional con alguien para compartir más que nuestro espacio y nuestro cuerpo.

No podría decir que por falta de compañero o de que no haya tenido propuestas matrimoniales – llevo un récord de 4 ¡haha! -. ¿Qué sería de mi hoy si hubiera dicho que sí?

  • Propuesta 1. A los 19 años; bastante joven, inmadura e ignorante.
  • Propuesta 2. A los 24 años; estudiante, con hambre de experiencias, conocimiento y diversión.
  • Propuesta 3. A los 33 años; recuperada de una ruptura – la relación más larga que he tenido -, y concentrada en mí.
  • Propuesta 4. A los 35 años; no soy de la idea de casarme con alguien que no conozco, esa no es mi ideología social y personal.

Por otro lado, no sé si el matrimonio no está hecho para mí, o yo no estoy hecha para el matrimonio. Lo que, si tengo claro, es que no lo he idealizado ni deseado; es decir, no he imaginado cómo quisiese que fuera mi boda y mi matrimonio en sí. No tengo en mi memoria algún cuento de princesa que encontró a su príncipe y vivieron felices para siempre.

En cambio, en lo que sí creo es en la “relación de pareja”, así sea en matrimonio, concubinato, unión libre, arrejuntados, o cualquier otro título que le quieran dar. Siendo la relación de pareja la unión de dos individuos que quieren compartir sus vidas, sus metas, sus esfuerzos, su compañía, su silencio, su libertad, sus pensamientos, sus diferencias, entre otros; sin ser forzado, comprometido, castigado o hasta penitente. Y tal vez por esto mismo no he caído en la presión – de cualquier índole – de estar casada.

Conmigo no va eso de:

  • estar casada por intereses económicos
  • estar casada por mi edad
  • estar casada porque otros quieren que lo esté
  • estar casada porque es lo que sigue – estando en una relación
  • estar casada para tener hijos
  • estar casada para tener seguridad y protección
  • estar casada porque en tu línea de vida tienes que estarlo

Tampoco crean que estoy declarando mi soltería eterna ¡haha!, pero para nada. A cada compañero mío lo amo y acepto, dándome la oportunidad de construir una relación de pareja en cada situación, con toda la libertad de elegirnos/escogernos o no.

A veces, solo hay que amar y ya.

Un comentario en “El matrimonio y yo ¡que susto!

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