Por esos ojos verdes…

¿Les ha tocado enamorarse de la mirada de alguien? o bien, quedar como hechizados. Se dice que por los ojos se refleja el alma de las personas, ¿no?

Pues bien, yo estoy encantada/hechizada de una mirada de ojos verdes ¡así como lo leen! – hasta me emociono solo de admitirlo ¡haha! , pero por torpe y por no saber dejarme querer, lo alejé de mi.

No es el color de sus ojos lo que me tiene encantada; es su mirada. Tan noble, tan tierna, tan humilde, y a la vez tan sexy. Creo que en esta ocasión pude sentir y ver el alma de alguien más. Pero como toda historia de amor, o de hombre – mujer, la parte tragica no podía faltar ¡plop!. Ahí les va la historia:

Conocí a un chico turco en mi primer mes en Turquía – contactandome él por instagram -; y aunque no fue el primero en acercarse a conocerme, sí fue el único que lo hizo de una manera completamente diferente, y esa diferencia me hizo elegirlo – yo estaba evitando conocer chicos en Turquía por las historias ajenas  -; en nuestra primer cita el nervioso era él, tal vez el atrevimiento de “ok, vamos a vernos” así sin más y tener que hablar otro idioma era lo que lo tenía todo emocionado; yo en cambio, estaba relativamente tranquila – sinceramente no era la primera vez que conocía un extranjero o local del país que vistiaba -, y por distraída, relajada y hasta desinteresada en conocer a alguien más, esa primer cita no fue un flechazo para mi. Y aunque no me flechó “a primera vista” tampoco me era indiferente; después de ese encuentro, y su atención y disponibilidad por conocerme, empecé a estar más receptiva.

Pero yo envuelta en temas con México por resolver – problemas con mi tarjeta de crédito, mi declaración de impuestos, llamadas con mi último trabajo -, mi atención hacia él estaba un tanto… pobre; él en cambio, me esperaba y acompañaba. En fin, pasaban los días, más mensajes, más atenciones, más interés y más ganas de vernos de nuevo.

Llega la segunda cita, está vez, con más cercanía. En mi departamento: Netflix, pizza, cervezas, y muchitasssss ganas ¡haha! ¡wow!. Adrenalina pura en todo momento sin que nada aparentemente lo arruinará, excepto YO. Mis creencías y complejos se hicieron presente, y en vez de dejarme llevar por el momento, la pasión, y la atención de tan cariñoso hombre, arruiné el momento tontamente. Terminada la cita y ya cada quién en sus respectivas casas, me disculpé por arruinar el momento, y él solamente me dijo “no te preocupes, como quiera estoy muy contento” – derrítanseeeeeeeee, hahahaha!, ahora me acuerdo de esto y me siento tan idiota -.

El mes seguía corriendo, y los 30 días de estadía en Turquía estaban por llegar; mientras yo seguía pleneando a dónde ir para luego regresar, él y yo seguíamos escribiéndonos con emoción,  hasta que la tercer cita llegó. Esta vez con mucha más intimidad, “dormir juntos”, ¡wow! ¡que emoción! ¡que delicia!, hasta que te acuerdas que tienes mucho tiempo durmiendo sola que se te ocurre decir: pero mi forma de dormir es esta y esta y esta. ¡haha! otra vez arruinando el romanticismo. Total, el día llegó, él llegó, y todo fue mágico. Hacer el amor para dormir… hacer el amor para despertar… desayunar juntos, descansar juntos… ver una película y reír juntos. Caricias, besos en todo momento; y yo con el pendiente de dejar todo listo porque al siguiente día volaba a Grecia!! ¿qué me pasa?

Ya en mi viaje de una semana en Grecia, mientras seguía comunicandome con él por mensajes, mi actitud fue muy mala con él. Resolví que realmente me gustaba, pero mi respuesta fue posesiva y exigente – qué mala pata, la verdad -, y esto solo hizo que la magía de semanas atrás se mermará, haciendo que a mi regreso, las ganas de encontrarnos fueran casi nulas. Hasta que definitivamente se terminó todo.

No más mensajes, no más llamadas, no más encuentros, no más nada. Y no culpo al Ramadán, no culpo a las ocupaciones, tampoco culpo a las reacciones que cada uno tuvo; solo culparía a la incredulidad de las acciones y los momentos. Lamentandome tanto de haber reaccionado como lo hice, porque no necesité perderlo para saber que me encantaba, lo sabía, pero no lo aceptaba. ¡Si! así es, ME ENCANTA! Me gusta, y mucho, aún y con todos los “peros” que le puse al inicio.

Él es el hombre, que en este viaje de aprendizaje y experiencias ha hecho que quiera quedarme en un lugar, que quiera formar una familia ¡ups!; sin siquiera intentarlo ni saberlo.

A veces no hay que pensar tanto, y solo sentir. Dejarte sorprender por lo que la vida puede ofrecer. Total, para todo hay solución si no funciona.

Y hoy les escribo nuevamente desde Grecia, sin él, sin romance, sin pasión; pero con muchas ganas y energías de continuar. Terminé resolviendo no parar. Por muy fuertes que sean mis emociones y pasiones; yo quiero que mi pareja tenga la misma libertad con la que me manejo yo. Y si mi pareja me elige, así como lo eligo yo a él, ¨¡que mejor!.

Y les confieso, aún teniendo resuelto irme de Turquía estoy con el deseo útopico de que él me siga. GökU – no puedo pronunciar su nombre, ¡haha! –  te extraño mucho, pero ya no pienso hacer nada por un “nosotros”. Resuelvete, pero no por mi, ni por nosotros; por ti, y por lo que te espera en la vida. Agradezco mucho la experiencia; me hizo admitir y reconocer muchas cosas nuevas.

5 comentarios en “Por esos ojos verdes…

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