Fantasía viajeras… fantasías sexuales

Con este post no pretendo darles clases de sexualidad, sensualidad, erotismo o cualquier otro artilugio del arte más viejo y condecorado que tenemos, EL SEXO – porque la verdad es que no sé tanto, pero si que lo practico para aprender ¡haha! -. Les voy a compartir algo por lo que todos pasamos, pero muchos omitimos o no utilizamos, LA IMAGINACIÓN.

Sí les preguntara ¿cuál es su fantasía sexual? aquella por la que se sentirían volver a nacer al hacerla – exagerando un poco, por así decirlo -, ¡si! no importan que sean las tipicas fantasías de película porno ¡haha!, ¿qué me contestarían?…

erotismoAntes de viajar tenía las típicas fantasías que toda “señorita bien” tiene pero no dice, y muy apenas si cumple ¡haha!: hacerlo en un baño público,  en un área abierta, en casa de tus papás, con un hombre mayor, con tu profesor; entre otras. Pero ahora viajando, el tema es otro, el nivel de perversión y libertad es totalmente diferente.

Ya no es suficiente hacerlo en un área al aire libre – el parque, el jardín o el techo ¡no!- , ahora quieres hacerlo en el desierto a la luz de la luna llena; ya no es suficiente desear hacer el amor con la persona amada y que se encuentra lejos, ahora tienes que tener una videollamada o una llamada candente con tu amado para masturbarte imaginandose juntos; ya no es suficiente ver semidesnudo a tu compañero de cuarto todos los días porque ahora te lo quieres merendar a como dé lugar ¡hahahaha!

Así que, la fantasía es producto de la imaginación, y la imaginación es el potenciador de cosas tan maravillosas y creativas que dejamos de lado; por tabus, miedos, prejuicios e ignorancia. ¿Por donde empezar para hacerle caso a nuestras fantasías? si ellas no van a perjudicar a nadie, por el contrario, ¿no sería lo más sano seguirlas?

En un mundo y una sociedad en la que la humidad vive tan castigada y condenada por tanto y por nada a la vez, ¿cuál es la necesidad de autocastigarnos negandonos a fantasear de la manera más ñoña o más perversa que podamos?

eroYo por ejemplo, semanas atrás vi a unos jovenes monjes budistas caminando a un lado de mi autobus –  camino a casa – y entre los efectos del alcohol y las hormonas despiertas, en mi mente los desvestía poco a poco seduciéndolos ¿ por que no? con mi hermosa sonrisa y naturaleza a flor de piel. En otra ocasión, vi a un albañil nepali prieto azabache, feo el condenado, pero con su sudor y sus brazos con una tonalidad evidente, ya lo imaginaba desgarrandome las vestiduras y envistiendo una y otra vez hasta terminar saciados – ¡vaya que es imaginación! -; la más reciente es que mi compañero de cuarto y yo, nos valga comino la cero privacidad que tenemos para que después de fumarnos un porro en el techo, lleguemos al cuarto a desvestirnos y a devorarnos como si no hubiera mañana.

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