La amabilidad, ¡asusta!

Así es mis estimad@s, ¡la amabilidad asusta! ¡boo!

A un par de días de que llegue a Seúl, y que estaba más descansada del famoso desfase horario; mi nuevo compañero de voluntariado me empezó a explicar el manejo de la casa de huéspedes; y entre temas varios, una recomendación bastante peculiar de su parte fue:

No seas tan AMABLE con los huéspedes. Pueden abusar de tu amabilidad, y no son agradecidos.

Por un instante me quedé congelada, refutándole a los pocos segundos:

No estoy de acuerdo. En un negocio en el que das la cara al cliente, la amabilidad es una premisa y, para todo hay formas y modos de tratar y/o pedir las cosas.

Así que, su recomendación la tomé y la deseché a la basura ¡haha!, y con el paso del tiempo; ya que empecé a hacer mi voluntariado, a todo el que llegaba – huésped o no -, lo trataba con amabilidad, cordialidad y simpatía – sonriéndoles pues -, siendo que, en lo personal, es algo que me funciona bastante bien y así soy yo. Entonces, unos franceses cuando llegó el momento en el que partieran del hostal en el que estoy como voluntaria me buscaron para despedirse; una chica coreana se despidió de mi diciendo que regresaría y que esperaba nos volviéramos a encontrar; un ruso me buscaba para pedirme sugerencias de paseos y platicar; un abuelito japonés platicaba conmigo de México; y una chica de Malasia se tomó fotos conmigo y hasta me pidió mi WhatsApp.

A todos y cada uno le he dado un trato con amabilidad, sin que ni yo ni ellos hayamos querido aprovecharnos de ese intangible valor. Pero como un dicho popular lo dice “en la viña del señor de todo hay”, me tocó un huésped bastante complicada y un compañero de voluntariado lo más nefasto que me ha tocado viajando.

Al huésped la traté como al resto, con amabilidad, incluso con empatía porque llegó enferma de haber dormido en el aeropuerto – sí que sé lo que es pasarla mal mientras estás viajando -, pero con una personalidad tan complicada y un tanto loca, tuve que terminar ignorándola. De todo se quejaba, todo cuestionaba como si yo supiera todas las respuesta – le llegué a comentar “tal vez estás resfriada o con gripa”, ella: ¿será? ¿de cuál?; yo en mi mente “pues que se yo”. Y así muchos ejemplos -, y para rematar terminó yéndose de la casa de huéspedes gritándome porque le pedí que no azotará la puerta – yo con toda serenidad le pedí y le respondí a sus gritos, y más se enojó ¡haha! -. Y no solo con eso, a ella se le unió mi compañero de voluntariado. ¡haha! ¡cositas!

Resulta ser que mi compañero es la persona más negativa, mentirosa y nefasta que me ha tocado viajando; de todo se queja, de todo se molesta, de todo busca venganza, de todo se estresa. Sin yo saberlo – hasta el día que ocurrió lo de la huésped que me gritó -, resulta ser que tenía una semana entera quejándose amargamente de mí; porque en mis días libres a él le tocó hacer mucha lavandería y pues ¿cómo viene a ser eso posible? – tenemos un horario de voluntariado, pero yo siempre le ando invirtiendo más y sin quejarme – , y empezó a magnificar lo que había ocurrido – por qué a mí no me tocó hacer la lavandería -, hasta el grado de decir que yo tenía una actitud arrogante e inaceptable para con él y la casa de huéspedes. Total, mi host y yo nos salimos a caminar y a tomar un café para hablar del huésped que me gritó, y ¿por qué no? de mi compañero de voluntariado. Y ¡oh sorpresa!, ella empezó diciendo “me tiene toda estresada con sus constantes quejas, nada le parece y todo viene a decírmelo”.

Mi experiencia con el huésped loco y mi compañero me hizo recordar dos cosas:

1.- A algunos países no se les da ser amables – opiniones varias -; pero también hay los que no saben serlo y los que lo logran en el intento. Pero que no saben manejarla hasta el punto de asustarlos y ponerlos en un estado de pánico y acecho.

2.- Por ser amable me he ganado amigos y enemigos, sin que yo lo sepa o sin que haga algo particular para lograrlo. Los dos llegan sin esperarlo.

Y, con estos personajes nada pasó a mayores, tengo el cariño y respeto de mi host precisamente por ser una persona amable y activa. ¿Qué tal?…

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